ASI SE PIERDE
Nunca dude ante las capacidades
de mi mejor amigo, suelo pensar que era mucho mejor que yo en diversas cosas,
si no era en la mayoría. Era tímido, buena persona, agradable, inteligente,
cordial, no creo que hubiera persona con la que no se la llevara bien y dudo
que mis descripciones fueran suficientes para mostrar una parte de lo que creo
que es; en pocas palabras era una persona de admirar.
No obstante si algo no me
permitía, era perder en algo. Debo aceptarlo, siempre fui muy competitivo, aunque me temo, jamás se dio cuenta de ello, no me tomen a mal no significa que rivalizáramos
por todo o peleáramos por cualquier cosa, jamás no habrían visto discutiendo
por que perdí en un juego de ajedrez, o en cartas, ni siquiera por una mujer.
Era que cuando sentía que el me ganaba en algo siempre trataba de
superarlo. En ocasiones pensaba que en el no había debilidad. Era, es y será
siempre mi mejor amigo.
Pero lo que mas admiro de el, es
la capacidad que tenia para enfrentarse a los retos de la vida, aunque yo se
que en muchas se acobardo, y no solo de enfrentarlos si no de afrontarlos. Fue
en algo que jamás pude vencerlo. Quizás algo me quedo de el, bueno quizás.
Tenia unos quince años cuando
conocí a Tatiana, ha pasado tanto que ni lo recuerdo casi, era una chiquilla alta, incluso un poco mas
de mi estatura, delgada, de piel blanca, con labios pequeños y cerrados en los extremos,
de unos extraños ojos amarronados
ligeramente cerrados, cabello negro, manos chicas, brazos largos, de
movimientos delicados, quizás de mi edad, y si algo me hacia sospechar de su
edad era su busto, no piensen mal, no es que me la pasara observándola, pero
cuando pasaba en frente y pensaba que giraría a verme, agachaba la cabeza para
no hacerme notar, y esa era la ultima imagen registrada en mi cabeza al moverme
ha esa velocidad.
Me sentaba en los descansos cerca
a una de las columnas del patio que sobresalían por su posición a climatizada
durante todas las temporadas, y por que era la única que era tocada por los
rayos del sol. Tatiana se acomodo
justamente en la misma columna pero en dirección opuesta en la que yo estaba,
quedando a mi espalda separado por la columna. La escuche hablando con sus
amigas un rato, callado, en el total silencio. Se quejaba por el extremo calor
y por la sed insatisfecha que tenia. Sacrifique unas de mis bebidas y se la
pase sin girarme haciéndome el desentendido. Gracias me dijo, creí que no se
había dado cuenta, me tomo de sorpresa por lo que el color de mi cara tomo
varias tonalidades diferentes. No voy a negar que es una mujer
bella, justo como dirían varios de mis compañeros: “aguanta”.
Después de ese momento fueron
pocas las veces que la vi, hasta una ocasión en que nos encontramos en las
mismas circunstancias, pero ella estaba sola: - te importa si me giro para
sentarme a tu lado, no sabría en ese momento si se dirigía a mí, pero estábamos
solo los dos, a si que le dije que no me importaba.
- -
Eres muy callado.
- -
Supongo.
- -
¿Siempre estas solo? Me quede un rato callado y
luego sonreí. ¿Por qué te ríes?
- -
Desde hace dos años nadie ha conversado tanto
conmigo.- a lo que ella también sonrió.
Conversamos mucho, casi todo el
descanso. Me conto de sus extraños días viviendo en su nueva casa, de sus
sueños por convertirse en escritora, de sus aficiones por el manga y el anime,
de su novio en otra institución, de las muchas ocurrencias en su vida y de su
amor por el rock en español. Ahora me sentía muy cercano a ella, aunque no
parara de hablar. Desde ese momento nos
convertimos en buenos amigos, salíamos debes en cuando, ella me invitaba a su
casa a ver anime y me contaba todo, tan así, que me conto la historia de
aquella ves que soñó estar desnuda mientras tomaba el sol en la tarraza,
confesándome que era su gran sueño, entonces
me hizo pensar en las veces que vi su pecho, sonrojándome al punto tal, que ella debía
preguntarme si me encontraba bien.
Muchas veces me distraje mirando
sus ojos o balbuceaba mientras ella me hablaba. Me sentí alegre todas las veces
en la que ella me esperaba en el mismo sitio todos los descansos, me llenaba de
fascinación con todas las historias que ella me contaba.
Temí, entonces, que me empezara a
gustar, trate de esconderme de ella, pero siempre me encontraba, siempre estaba
allí, me tomaba del brazo, me saludaba de beso en la mejilla, su aroma se
impregnaba en mi ropa, sus manos se sentían tan cerca de mi piel que no podía
sacarla de mi mente. Tome la decisión mas madura que pude y me obligue ha dejar
de pesar en ella y como muestra de mi decisión hice un juramento de sangre como
lo hacia con mi mejor amigo. Pinche mi dedo medio con un alfiler y deje que
sangrara por un tiempo, cuando me di cuenta que sangraba mucho lo presione
contra mi otro dedo.
No les ha pasado que cuando
tratas de no pensar en algo más esta en tu mente, pues creo que algo salió mal
en mi juramento, ahora me dolía el dedo, y cada ves que sentía el dolor o me
miraba las manos pensaba en ella. Por las noches cuando el silencio me cubría
el pecho su imagen era lo único me conciliaba el sueño, su recuerdo estaba tan
presente en mi que me dolía no verla, no abrasarla, sus labios se hacían mas
presentes en mis fantasías.
Por la mañana me decidí ha hablar
con ella, debía confesarlo todo, por que el silencio se convertía en mi veneno.
Repase cada palabra unas cien mil veces y aun, creo, no pude memorizarlas. Mi
pecho quería explotar, las manos me temblaban, el sudor se hacia espeso, mi
respiración era cada ves mas rápida, no podía tragar saliva por que ni saliva
tenia en la boca. Al llegar a su casa su padre iba de salida, el ya me conocía
solo me hizo pasar y me dijo que quizás se había encerrado en la terraza, es
una buena persona, muy ocupada y distraída, pero bueno persona. Sospecho, que
en mi vida he tenido que subir escaleras mas largas que esa.
Cuando abrí la puerta de la
terraza me percate de dos cosas, una seguida de la otra. Primero: era un día
agradable parece que no había llovido en varios días, cosa extraña por que el
invierno había sido duro en esta época, y segundo: Tatiana estaba desnuda en su
totalidad, y ante la mirada aturdida de
los dos, nos quedamos inmóviles, enmudecidos. Tenia un millón de palabras que
podía decir en ese momento pero ninguna era cómoda, todas eran absurdas y sin
sentido, cuando pude reaccionar solo me gire, observe una toalla, se la extendí
con los ojos cerrados, creo que debí prever que esto podía pasar, un día
soleado, ella sola en la terraza, eran señales muy claras. Mis ojos estaban
cerrados pero no salía de mi cabeza el retrato de su cuerpo, su pecho era más
grande de lo que recuerdo, su figura delgada, su piel lisa, y sus manos
inmóviles, súbitamente sus brazos recubrieron mi cuerpo, mientras me susurraba
que la perdonara. Le solicité que no me pidiera perdón que si alguien tenia que
pedirlo era yo mientras le anudaba la toalla a la cintura. Creo que no fue
momento para hablar con ella.
Después de ese día, nuestras charlas
eran incomodas, así que decimos quedarnos en silencio, podíamos vernos a los
ojos, tomarnos de las manos, acostar la cabeza sobre las piernas de ella,
abrazarnos, incluso besarnos, todo en el mas absoluto silencio. Para finales de
semestre y comienzos de las vacaciones, habíamos superado la pena, nuestras
conversaciones eran más fluidas, recordábamos ese día con gracia.
El día finalizo, iba encontrarme con ella al terminar las
clases. Me estaba esperando, pero sus ojos se llenaron de lagrimas y pensé que
lo hacia por mi, pero su mirada iba en otra dirección, trate de seguir su
mirada en la orientación que ella seguía, y allí estaba, después de tantos años
y el seguía siendo mi mejor amigo. Tatiana corrió a sus brazos con los ojos
inundados en llanto y mi alma en sus manos desgarrándose poco a poco con el
viento.
- -
Tanto tiempo sin verte amigo mío y no has
cambiado- Me dijo, yo no pude evitar
observarla a ella y ella no pudo evitar verme.- ¿se conocen?
Ese día se que todo cambio la vi
a ella feliz pero con la tristeza de dejar algo que importaba demasiado. El
tiempo fue duro, estar obligado a arrancarla de mi mente, de mi pecho y de mi
alma, creo que no ha sido fácil, pero poco a poco sigo adelante, quién sabe,
después de todo si me quedo algo de el. Para ser honesto, es la única persona
con la que no me importo perder.
Daniel Fernando parra
Sánchez