viernes, 21 de septiembre de 2012

PERSPECTIVA


(La siguiente historia es ficción cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia)

PERSPECTIVA

No se si reírle era un acto de hipocresía, pero no sabia que mas hacer, tantas semanas allí… tirado en esa camilla viendo como el tiempo lo consumía hasta los huesos; parecía tan tranquilo, tan apaciguó, pero siempre estaba quejándose, aparentando dormir, como si con el sueño pudiera evitarme el dolor, aunque a veces podía sentirlo así. Todo pasaba  tan rápido y el aduras penas se movía unos centímetros en varias horas, lo cambiaba de posición y la gravedad lo dejaban inmóvil en la posición en que lo dejara, era un títere cuyas cuerdas corto el titiritero.

Lo amo y no me cansaba de repetirlo… se lo decía al doctor, al cirujano, a la terapista, a la enfermera, a la aseadora, a cuanta persona preguntara por el, en ocasiones creo que lo dudaban, pero que mas prueba inédita e irrefutable deseaban para comprobarlo, con que otra lagrima querían que firmara otro permiso para una cirugía nueva, con que ojera querían que los viera a los ojos mientras me decían que había un examen nuevo que hacerle.

Las noches en la habitación que comparto con el en el hospital, son eternas, como si la mañana hiciera roña para levantarse, una forma muy sutil de entender como era amanecer con el. Juro que muchas veces mientras dormía, quería acostarme a su lado, dormir junto a su piel, acariciar su rostro, arroparlo con mi cuerpo, besarlo hasta que amarecía y si era necesaria ser lo  que primero viera al despertar. La noche se acercaba sigilosa asomándose por la ventana y yo tomaba los cobertores, me acomodaba en un pequeño sofá que era como un confidente; conocía mi cuerpo, mis pensamientos, el número de lágrimas que derramaba y hasta el color de mis sueños, era el único que sabia que solo lo tenia a el en mi mente.

Me pregunto si quizás me ha visto llorar, a veces es inevitable no hacerlo seguido de un gemido, un suspiro, una mirada, me seco las lagrimas con las palmas de las manos y levanto la cabeza percatándome si aun duerme profundamente, y buscando señales de a verme visto llorar, lo ultimo que quisiera es verlo triste por mi.

En la mañana, la larga noche termina, y el sol me levanta casi a golpes en el rostro, todo parece volver a su curso, el tiempo a su velocidad, la vida a su ciclo, con la mínima posibilidad que las cosas sean diferentes hoy. Casi siempre veo a las mismas enfermeras colaborándome todos los días, en una rutina que un día me gustaría decir se acabaría, me ayudaron a bañarlo, acariciaba su cuerpo con el agua tibia cayendo por su espalda y me entristecía ver su cuerpo marchitarse como las hojas de un árbol al caer de su rama, ver las heridas en su abdomen, las laceraciones en su piel, el como poco a poco se convertía en otra persona y no en la persona que recuerdo, me rasgaban el alma.

Al llegar el medio día, lo dejaba allí con el corazón en el suelo y regresaba a casa, allí me forzaba a dormir sin quitarme la imagen de su cuerpo, la cama parecía tan grande. Aceptaba  bañarme, con los ojos cerrados, recorría con mis manos las partes de mi cuerpo que el había tocado con sus manos recordando el sabor de sus labios y el calor de su cuerpo. Por la tarde regresaba al hospital con los doctores diciéndome que había que tomar nuevas medidas, y mas avanzado el día, la noche volvía ha asomarse por la ventana, dando nuevamente el comienzo de la misma historia con un nuevo comienzo.

Los doctores pueden decir que a desmejorado un poco, yo por el contrario puedo decir a avanzado un poco algo así como una copa medio llena… aquí  todo depende solo de la perspectiva.

Daniel Fernando parra Sánchez .

ASI SE PIERDE


ASI SE PIERDE


Nunca dude ante las capacidades de mi mejor amigo, suelo pensar que era mucho mejor que yo en diversas cosas, si no era en la mayoría. Era tímido, buena persona, agradable, inteligente, cordial, no creo que hubiera persona con la que no se la llevara bien y dudo que mis descripciones fueran suficientes para mostrar una parte de lo que creo que es; en pocas palabras era una persona de admirar.

No obstante si algo no me permitía, era perder en algo. Debo aceptarlo, siempre fui muy competitivo,  aunque me temo, jamás se dio cuenta de ello,  no me tomen a mal no significa que rivalizáramos por todo o peleáramos por cualquier cosa, jamás no habrían visto discutiendo por que perdí en un juego de ajedrez, o en cartas, ni siquiera por una  mujer.  Era que cuando sentía que el me ganaba en algo siempre trataba de superarlo. En ocasiones pensaba que en el no había debilidad. Era, es y será siempre mi mejor amigo.
Pero lo que mas admiro de el, es la capacidad que tenia para enfrentarse a los retos de la vida, aunque yo se que en muchas se acobardo, y no solo de enfrentarlos si no de afrontarlos. Fue en algo que jamás pude vencerlo. Quizás algo me quedo de el, bueno quizás.

Tenia unos quince años cuando conocí a Tatiana, ha pasado tanto que ni lo recuerdo casi,  era una chiquilla alta, incluso un poco mas de mi estatura, delgada, de piel blanca, con labios pequeños y cerrados en los extremos, de unos extraños ojos amarronados  ligeramente cerrados, cabello negro, manos chicas, brazos largos, de movimientos delicados, quizás de mi edad, y si algo me hacia sospechar de su edad era su busto, no piensen mal, no es que me la pasara observándola, pero cuando pasaba en frente y pensaba que giraría a verme, agachaba la cabeza para no hacerme notar, y esa era la ultima imagen registrada en mi cabeza al moverme ha esa velocidad. 

Me sentaba en los descansos cerca a una de las columnas del patio que sobresalían por su posición a climatizada durante todas las temporadas, y por que era la única que era tocada por los rayos del sol. Tatiana  se acomodo justamente en la misma columna pero en dirección opuesta en la que yo estaba, quedando a mi espalda separado por la columna. La escuche hablando con sus amigas un rato, callado, en el total silencio. Se quejaba por el extremo calor y por la sed insatisfecha que tenia. Sacrifique unas de mis bebidas y se la pase sin girarme haciéndome el desentendido. Gracias me dijo, creí que no se había dado cuenta, me tomo de sorpresa por lo que el color de mi cara tomo varias tonalidades diferentes. No voy a negar que es una mujer bella, justo como dirían varios de mis compañeros: “aguanta”.

Después de ese momento fueron pocas las veces que la vi, hasta una ocasión en que nos encontramos en las mismas circunstancias, pero ella estaba sola: - te importa si me giro para sentarme a tu lado, no sabría en ese momento si se dirigía a mí, pero estábamos solo los dos, a si que le dije que no me importaba.
  • -          Eres muy callado.
  • -          Supongo.
  • -          ¿Siempre estas solo? Me quede un rato callado y luego sonreí. ¿Por qué te ríes?
  • -          Desde hace dos años nadie ha conversado tanto conmigo.- a  lo que ella también sonrió.

Conversamos mucho, casi todo el descanso. Me conto de sus extraños días viviendo en su nueva casa, de sus sueños por convertirse en escritora, de sus aficiones por el manga y el anime, de su novio en otra institución, de las muchas ocurrencias en su vida y de su amor por el rock en español. Ahora me sentía muy cercano a ella, aunque no parara de hablar.  Desde ese momento nos convertimos en buenos amigos, salíamos debes en cuando, ella me invitaba a su casa a ver anime y me contaba todo, tan así, que me conto la historia de aquella ves que soñó estar desnuda mientras tomaba el sol en la tarraza, confesándome que era su gran sueño, entonces  me hizo pensar en las veces que vi su pecho,  sonrojándome al punto tal, que ella debía preguntarme si me encontraba bien.

Muchas veces me distraje mirando sus ojos o balbuceaba mientras ella me hablaba. Me sentí alegre todas las veces en la que ella me esperaba en el mismo sitio todos los descansos, me llenaba de fascinación con todas las historias que ella me contaba.

Temí, entonces, que me empezara a gustar, trate de esconderme de ella, pero siempre me encontraba, siempre estaba allí, me tomaba del brazo, me saludaba de beso en la mejilla, su aroma se impregnaba en mi ropa, sus manos se sentían tan cerca de mi piel que no podía sacarla de mi mente. Tome la decisión mas madura que pude y me obligue ha dejar de pesar en ella y como muestra de mi decisión hice un juramento de sangre como lo hacia con mi mejor amigo. Pinche mi dedo medio con un alfiler y deje que sangrara por un tiempo, cuando me di cuenta que sangraba mucho lo presione contra mi otro dedo.

No les ha pasado que cuando tratas de no pensar en algo más esta en tu mente, pues creo que algo salió mal en mi juramento, ahora me dolía el dedo, y cada ves que sentía el dolor o me miraba las manos pensaba en ella. Por las noches cuando el silencio me cubría el pecho su imagen era lo único me conciliaba el sueño, su recuerdo estaba tan presente en mi que me dolía no verla, no abrasarla, sus labios se hacían mas presentes en mis fantasías.

Por la mañana me decidí ha hablar con ella, debía confesarlo todo, por que el silencio se convertía en mi veneno. Repase cada palabra unas cien mil veces y aun, creo, no pude memorizarlas. Mi pecho quería explotar, las manos me temblaban, el sudor se hacia espeso, mi respiración era cada ves mas rápida, no podía tragar saliva por que ni saliva tenia en la boca. Al llegar a su casa su padre iba de salida, el ya me conocía solo me hizo pasar y me dijo que quizás se había encerrado en la terraza, es una buena persona, muy ocupada y distraída, pero bueno persona. Sospecho, que en mi vida he tenido que subir escaleras mas largas que esa.

Cuando abrí la puerta de la terraza me percate de dos cosas, una seguida de la otra. Primero: era un día agradable parece que no había llovido en varios días, cosa extraña por que el invierno había sido duro en esta época, y segundo: Tatiana estaba desnuda en su totalidad,  y ante la mirada aturdida de los dos, nos quedamos inmóviles, enmudecidos. Tenia un millón de palabras que podía decir en ese momento pero ninguna era cómoda, todas eran absurdas y sin sentido, cuando pude reaccionar solo me gire, observe una toalla, se la extendí con los ojos cerrados, creo que debí prever que esto podía pasar, un día soleado, ella sola en la terraza, eran señales muy claras. Mis ojos estaban cerrados pero no salía de mi cabeza el retrato de su cuerpo, su pecho era más grande de lo que recuerdo, su figura delgada, su piel lisa, y sus manos inmóviles, súbitamente sus brazos recubrieron mi cuerpo, mientras me susurraba que la perdonara. Le solicité que no me pidiera perdón que si alguien tenia que pedirlo era yo mientras le anudaba la toalla a la cintura. Creo que no fue momento para hablar con ella.

Después de ese día, nuestras charlas eran incomodas, así que decimos quedarnos en silencio, podíamos vernos a los ojos, tomarnos de las manos, acostar la cabeza sobre las piernas de ella, abrazarnos, incluso besarnos, todo en el mas absoluto silencio. Para finales de semestre y comienzos de las vacaciones, habíamos superado la pena, nuestras conversaciones eran más fluidas, recordábamos ese día con gracia.
El día finalizo,  iba encontrarme con ella al terminar las clases. Me estaba esperando, pero sus ojos se llenaron de lagrimas y pensé que lo hacia por mi, pero su mirada iba en otra dirección, trate de seguir su mirada en la orientación que ella seguía, y allí estaba, después de tantos años y el seguía siendo mi mejor amigo. Tatiana corrió a sus brazos con los ojos inundados en llanto y mi alma en sus manos desgarrándose poco a poco con el viento.
  • -          Tanto tiempo sin verte amigo mío y no has cambiado-  Me dijo, yo no pude evitar observarla a ella y ella no pudo evitar verme.- ¿se conocen?


Ese día se que todo cambio la vi a ella feliz pero con la tristeza de dejar algo que importaba demasiado. El tiempo fue duro, estar obligado a arrancarla de mi mente, de mi pecho y de mi alma, creo que no ha sido fácil, pero poco a poco sigo adelante, quién sabe, después de todo si me quedo algo de el. Para ser honesto, es la única persona con la que no me importo perder.
  
Daniel Fernando parra Sánchez 

¿Y SI LO HAGO SOLO UNA VEZ MAS?


¿Y SI LO HAGO SOLO UNA VEZ MAS?

Jamás a mis doce años de vida, viviendo allí en la misma casa, me había percatado de lo deteriorado del techo de mi cuarto. Habían grietas por casi las cuatro esquinas de el, además de la muchas manchas oscuras que la cubrían, llegue alguna ves a pensar que el techo fue pintado de color gris solo para hacerlo parecer al techo de una prisión, o pienso que ese seria el color mas propicio para pintarlo, bueno además del negro, ya saben por eso de “lo lúgubre”. Esas manchas en ocasiones no me dejaban dormir, las sombras más oscuras  se unían con las más claras y formaban tenebrosas imágenes sacadas de lo más profundo de mis pesadillas. 

Ahora que lo pienso mi cuarto siempre ha sido así no ha cambiado nunca, me parece verlo así desde que nací o  eso creo. Si fijas tu mirada por mucho tiempo en las grietas parecen que estas se estuvieran riendo, ¿de que?, creo que eso solo saben ellas, eran como si estuvieran viendo una comedia por televisión en el que el protagonista era yo. No recuerdo cuanto tiempo llevaba en la misma posición acostado en mi cama, con los ojos fijos en el techo, con las tareas sin hacer y los libros abiertos sobre el escritorio. Creo que ya era hora de levantarme o al menos tiempo de cambiarme de posición, me dolía la espalda.

Gire unas cuantas veces mi cabeza, como para que despertara y se diera cuenta de que era momento de comenzar con las ideas para continuar con mi tarea. Debo ser sincero, mi cuarto no era gran cosa aparte del escritorio viejo en el que tenia mis libros solo había una cama, aun mas vieja, dura como el suelo, una mesita de noche coja en una de las patas de adelante, que me hacia pensar que el cuarto se inclinaba a la derecha. Y todo esto encerrado en cuatro paredes, aunque pensándolo bien nunca he entendido del todo bien esa expresión, si contáramos bien las caras con las que cuenta mi cuarto son más que cuatro, eso quiere decir que estaría encerrado entre seis paredes, así que el que estuviera recluido entre cuatro paredes Podía libremente escapar por el suelo o el techo. Pero en mi caso no, si intentara escapar de allí solo podría hacerlo por la puerta y eso solo si regresara a las tres para comer. Eso me hacia pensar que si intentaba escapar por el suelo caería ha otro piso, y si lo intentara por el techo llegaría a otro piso así que no había manera de escapar, ¿no es algo triste?

Lo difícil no fue empezar con mis tareas, claro por lógica lo difícil siempre fue terminarlas, pero hoy no era el caso fueron cortas, nada del otro mundo, algo de números enteros y capas de la tierra. Cerré mis cuadernos y me quede inmóvil, ¿ahora que tenia que hacer? Quizás un paseo podía abrirme la mente con las muchas posibilidades que tenia en mi camino. Entonces solo tenia que pedir permiso, camine a la cocina, no es muy lejos, le pregunte a mama si había problema con eso y me dijo que era mejor que me quedara y que estaba muy tarde, me dijo que mirara mejor la tele, bueno o eso le entendí entre las lagrimas, mamá siempre lloraba cuando cortaba los tomates, creí que era con las cebollas pero eso eran una de las muchas cosas raras que caracterizaban a mi mamá, bueno eso y su maquillaje, no entendía la razón por la que ella se pintaba de esa manera, siempre me parecía que se veía como una vaca con esas manchas negras a los lados de su cara.

Si no había de otra, el televisor era mi mejor opción, pero como esperaba no había nada valioso que ver, creo que no haría diferencia si la dejo apagado. En aquel momento me fije en la puerta que conduce con el resto del mundo y en especial en ese pequeño lente que estaba en lo alto de la misma y por el cual podía ver el exterior. Arrastre una silla de la cocina y uno de los cojines del sofá y los arrime a lo suficiente para ver cómodamente atreves de el. Era una cosa maravillosa, era como ver televisión, sin sonido, pero aun así era más real que mucho de los programas que presentan. Podía ver a la señora gorda del cuarto de enfrente y su perro feo tomas, ladraba cada vez que prendían las luces y no se detenía hasta que las volvían a apagar. También podía ver todos los días como a las siete al sujeto de sombrero café que siempre arrastraba los pies para subir al tercer piso. Pero en especial habían dos sujetos una pareja de jóvenes que Vivian en diferentes casa uno en frente del otro, era como mi programa favorito.

Llegaban alrededor de las ocho casi uno detrás del otro. Un día ella venia con dos grandes bolsas en las manos, creo que eran naranjas por que al siguiente día el piso gozaba de un extraño olor cítrico como el falso jugo de frutas que traía papá. La bolsa tenia un agujero y las naranjas salieron rodando por las escaleras, el iba subiendo recogiendo una por una del suelo. No fue gran cosa si no fuera por que el se quedo mirando la espalda de ella cuando recogía las frutas, no se que cosa era tan interesante como para no darse cuanta de la naranja que piso y por la cual se golpeo la cabeza. Luego llamo mi mamá y tuve que irme a dormir.

Ella se llama Karen y el Jonathan como pude escuchar la mañana siguiente entre mi mamá y la vecina gorda con el perro feo que no para de ladrar.

Todos los días después de terminar mis tareas corría la silla y agarraba el mismo cojín, sentándome por horas enfrente de la puerta para esperar mi programa favorito. En algunas eventualidades cuando mi papá y mi mamá terminaban de hablar a gritos iban y me preguntaban que era lo que hacia y siempre les contestaba que era un trabajo para la escuela.

En mi programa favorito pasaban de todas las cosas, nunca encontraban sus llaves aunque yo se que estaban en sus bolsillos, se  les caían las cosas de la manos aun cuando no eran tan pesadas, y siempre les faltaba sal o azúcar, cuando podía verlos con mercados tan grandes como los que traían cada quince días. Quise abrir un poco mas mis campos de visión, tome una regla, una puntilla y un martillo, calculando las medidas casi exactas, abrí unos agujeros a los lados de la puerta cuidando las delicadas paredes de su alrededor. A lo mejor algún día, cuando sea grande seria un maestro de carpintería o de construcción.

El mismo día en que los abrí, espere atentamente y los vi cuando llegaron casi juntos, se saludaron y continuaron cada uno su camino indiferentes uno del otro. Pero al otro lado eran cosas totalmente diferentes, por ejemplo, Ella no separo su espalda de la puerta mientras miraba fijamente al frente, no se que de raro tenia ese cuadro que todos los días llegaba a observarlo. El duraba horas pegado a la puerta mirando por el lente en ella con una taza en la mano y cuando veía que ella salía el hacia lo mismo. Entendí una cosa ese día, era como lo que mi mamá contestaba a las vecinas, incluida la vecina gorda con el perro feo que no para de ladrar, cuando le preguntaban por que estaba con mi papá; se querían mucho,  y esa era la razón por la que ellos se comportaban de esa manera.

Decidí que podía hacerles una pequeña broma, bueno sin malas intenciones, algo más o menos como una ayuda alegre. Tome una hoja y esfero, no pensaran que una persona adulta escriba una nota a punta de lápiz eso es de niños y yo tenia que aparentar ser adulto, escribí dos notas con la mejor letra y ortografía  en que los citaba juntos en lo mas alto de la noche, pensando que era del otro. No era el mejor plan, pero lo saco un niño de doce años debe tener algo de merito no les parece. Me escurrí primero a la puerta de ella y coloque el mensaje siendo cauteloso de que no me atraparan, ella salió y en apariencia creo que lo creyó, de igual manera creo que el también lo hizo. De pronto cuando creciera me convertiría en un gran escritor.

Luego mamá me llamo a dormir, pero ¿como iba a permitir perderme el final de mi programa favorito? Simule que me iba a dormir inclusive me lave los dientes e hice el teatro de dormir, pero cuando sentí que ya no estaban despiertos, tome mi cobija, la misma silla de siempre, el mismo cojín de siempre y fui directo a la puerta. Pensé por un momento que había llegado tarde pero lo vi salir a el y la función comenzó, parecía que ella no iba a salir, pero salió algo mas tarde, ahora entiendo por que papá dice que las mujeres siempre llegan tarde. Ella también se maquillaba aunque no comprendo por que el de mi mamá no se ve así. Estuvieron callados un rato, no podía escucharlos, pero podía ver si movían los labios, luego sonreían, se acercaban uno al otro, incluso el la invito a sentarse a su lado en la escalera, tiritaba del frio, que malo que no estaba arropado con una caliente cobija como con en la que yo lo estaba envuelto, sin embargo el se quito la chaqueta y se la dio a ella, ¿será que ahora no tendrá frio el?

Demoraron conversando por mucho tiempo y yo ya me sentía cansado, apenas podía mantener los ojos abiertos, solo uno, pero podía tenerlo abierto. Lo ultimo que recuerdo es verlos acercase lentamente como cuando la vecina gorda con el perro feo que no para de ladrar, quiere darle un beso a su mascota, pero no vi mas, por tanto me quede dormido. Gracioso ¿no?

Por la mañana mamá me encontró tirado en el suelo, me levanto preocupada casi a los gritos y me prohibió que volviera a ver por el ojo de la puerta si no fuera estrictamente necesario.

Pasaron unos años y no volví a ver por la puerta, ya se me habían olvidado los agujeros en las paredes, y casi no me acordaba de ellos.

Después de cumplir los quince años recogía unas cosas del sofá y vi el viejo cojín, luego vi a la cocina la vieja silla, y luego vi la puerta, ¿importaría si lo hago solo una vez más? Mi mamá no esta y mi papá parece que no le molesta. Mire por un rato como la última vez, pude ver como ellos se llevan sus cosas y se despedían de todos, parecen que se mudan, me dio algo de tristeza, pero me sentía alegre con verlos juntos.
Al final cerraron las puertas de sus respectivas casas y se tomaron de la mano, se miraron a la cara, sonrieron, en la puerta cada uno colocó una nota pegada mientras miraban a la puerta de mi casa, luego se fueron. Espere un rato para no levantar sospechas, Salí, tome las notas y corrí  directo a mi habitación.
Me dio algo de temor leerlas, solo era una leidita y luego las dejaba en su sitio, las abrí y lo único que decía era “GRACIAS” entonces una duda me inquieto profundamente: ¿sabrían que fui yo quien coloco esa noche la nota en sus puertas?
Daniel Fernando parra Sánchez