(La siguiente
historia es ficción cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia)
PERSPECTIVA
No se si reírle era un acto de
hipocresía, pero no sabia que mas hacer, tantas semanas allí… tirado en esa
camilla viendo como el tiempo lo consumía hasta los huesos; parecía tan
tranquilo, tan apaciguó, pero siempre estaba quejándose, aparentando dormir,
como si con el sueño pudiera evitarme el dolor, aunque a veces podía sentirlo así.
Todo pasaba tan rápido y el aduras penas
se movía unos centímetros en varias horas, lo cambiaba de posición y la
gravedad lo dejaban inmóvil en la posición en que lo dejara, era un títere
cuyas cuerdas corto el titiritero.
Lo amo y no me cansaba de
repetirlo… se lo decía al doctor, al cirujano, a la terapista, a la enfermera,
a la aseadora, a cuanta persona preguntara por el, en ocasiones creo que lo
dudaban, pero que mas prueba inédita e irrefutable deseaban para comprobarlo,
con que otra lagrima querían que firmara otro permiso para una cirugía nueva,
con que ojera querían que los viera a los ojos mientras me decían que había un
examen nuevo que hacerle.
Las noches en la habitación que
comparto con el en el hospital, son eternas, como si la mañana hiciera roña
para levantarse, una forma muy sutil de entender como era amanecer con el. Juro
que muchas veces mientras dormía, quería acostarme a su lado, dormir junto a su
piel, acariciar su rostro, arroparlo con mi cuerpo, besarlo hasta que amarecía
y si era necesaria ser lo que primero
viera al despertar. La noche se acercaba sigilosa asomándose por la ventana y
yo tomaba los cobertores, me acomodaba en un pequeño sofá que era como un confidente;
conocía mi cuerpo, mis pensamientos, el número de lágrimas que derramaba y
hasta el color de mis sueños, era el único que sabia que solo lo tenia a el en
mi mente.
Me pregunto si quizás me ha visto
llorar, a veces es inevitable no hacerlo seguido de un gemido, un suspiro, una
mirada, me seco las lagrimas con las palmas de las manos y levanto la cabeza
percatándome si aun duerme profundamente, y buscando señales de a verme visto
llorar, lo ultimo que quisiera es verlo triste por mi.
En la mañana, la larga noche
termina, y el sol me levanta casi a golpes en el rostro, todo parece volver a
su curso, el tiempo a su velocidad, la vida a su ciclo, con la mínima
posibilidad que las cosas sean diferentes hoy. Casi siempre veo a las mismas
enfermeras colaborándome todos los días, en una rutina que un día me gustaría
decir se acabaría, me ayudaron a bañarlo, acariciaba su cuerpo con el agua tibia
cayendo por su espalda y me entristecía ver su cuerpo marchitarse como las
hojas de un árbol al caer de su rama, ver las heridas en su abdomen, las
laceraciones en su piel, el como poco a poco se convertía en otra persona y no
en la persona que recuerdo, me rasgaban el alma.
Al llegar el medio día, lo dejaba
allí con el corazón en el suelo y regresaba a casa, allí me forzaba a dormir
sin quitarme la imagen de su cuerpo, la cama parecía tan grande. Aceptaba bañarme, con los ojos cerrados, recorría con
mis manos las partes de mi cuerpo que el había tocado con sus manos recordando
el sabor de sus labios y el calor de su cuerpo. Por la tarde regresaba al
hospital con los doctores diciéndome que había que tomar nuevas medidas, y mas
avanzado el día, la noche volvía ha asomarse por la ventana, dando nuevamente
el comienzo de la misma historia con un nuevo comienzo.
Los doctores pueden decir que a
desmejorado un poco, yo por el contrario puedo decir a avanzado un poco algo
así como una copa medio llena… aquí todo
depende solo de la perspectiva.
Daniel Fernando parra Sánchez .
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