viernes, 21 de septiembre de 2012

¿Y SI LO HAGO SOLO UNA VEZ MAS?


¿Y SI LO HAGO SOLO UNA VEZ MAS?

Jamás a mis doce años de vida, viviendo allí en la misma casa, me había percatado de lo deteriorado del techo de mi cuarto. Habían grietas por casi las cuatro esquinas de el, además de la muchas manchas oscuras que la cubrían, llegue alguna ves a pensar que el techo fue pintado de color gris solo para hacerlo parecer al techo de una prisión, o pienso que ese seria el color mas propicio para pintarlo, bueno además del negro, ya saben por eso de “lo lúgubre”. Esas manchas en ocasiones no me dejaban dormir, las sombras más oscuras  se unían con las más claras y formaban tenebrosas imágenes sacadas de lo más profundo de mis pesadillas. 

Ahora que lo pienso mi cuarto siempre ha sido así no ha cambiado nunca, me parece verlo así desde que nací o  eso creo. Si fijas tu mirada por mucho tiempo en las grietas parecen que estas se estuvieran riendo, ¿de que?, creo que eso solo saben ellas, eran como si estuvieran viendo una comedia por televisión en el que el protagonista era yo. No recuerdo cuanto tiempo llevaba en la misma posición acostado en mi cama, con los ojos fijos en el techo, con las tareas sin hacer y los libros abiertos sobre el escritorio. Creo que ya era hora de levantarme o al menos tiempo de cambiarme de posición, me dolía la espalda.

Gire unas cuantas veces mi cabeza, como para que despertara y se diera cuenta de que era momento de comenzar con las ideas para continuar con mi tarea. Debo ser sincero, mi cuarto no era gran cosa aparte del escritorio viejo en el que tenia mis libros solo había una cama, aun mas vieja, dura como el suelo, una mesita de noche coja en una de las patas de adelante, que me hacia pensar que el cuarto se inclinaba a la derecha. Y todo esto encerrado en cuatro paredes, aunque pensándolo bien nunca he entendido del todo bien esa expresión, si contáramos bien las caras con las que cuenta mi cuarto son más que cuatro, eso quiere decir que estaría encerrado entre seis paredes, así que el que estuviera recluido entre cuatro paredes Podía libremente escapar por el suelo o el techo. Pero en mi caso no, si intentara escapar de allí solo podría hacerlo por la puerta y eso solo si regresara a las tres para comer. Eso me hacia pensar que si intentaba escapar por el suelo caería ha otro piso, y si lo intentara por el techo llegaría a otro piso así que no había manera de escapar, ¿no es algo triste?

Lo difícil no fue empezar con mis tareas, claro por lógica lo difícil siempre fue terminarlas, pero hoy no era el caso fueron cortas, nada del otro mundo, algo de números enteros y capas de la tierra. Cerré mis cuadernos y me quede inmóvil, ¿ahora que tenia que hacer? Quizás un paseo podía abrirme la mente con las muchas posibilidades que tenia en mi camino. Entonces solo tenia que pedir permiso, camine a la cocina, no es muy lejos, le pregunte a mama si había problema con eso y me dijo que era mejor que me quedara y que estaba muy tarde, me dijo que mirara mejor la tele, bueno o eso le entendí entre las lagrimas, mamá siempre lloraba cuando cortaba los tomates, creí que era con las cebollas pero eso eran una de las muchas cosas raras que caracterizaban a mi mamá, bueno eso y su maquillaje, no entendía la razón por la que ella se pintaba de esa manera, siempre me parecía que se veía como una vaca con esas manchas negras a los lados de su cara.

Si no había de otra, el televisor era mi mejor opción, pero como esperaba no había nada valioso que ver, creo que no haría diferencia si la dejo apagado. En aquel momento me fije en la puerta que conduce con el resto del mundo y en especial en ese pequeño lente que estaba en lo alto de la misma y por el cual podía ver el exterior. Arrastre una silla de la cocina y uno de los cojines del sofá y los arrime a lo suficiente para ver cómodamente atreves de el. Era una cosa maravillosa, era como ver televisión, sin sonido, pero aun así era más real que mucho de los programas que presentan. Podía ver a la señora gorda del cuarto de enfrente y su perro feo tomas, ladraba cada vez que prendían las luces y no se detenía hasta que las volvían a apagar. También podía ver todos los días como a las siete al sujeto de sombrero café que siempre arrastraba los pies para subir al tercer piso. Pero en especial habían dos sujetos una pareja de jóvenes que Vivian en diferentes casa uno en frente del otro, era como mi programa favorito.

Llegaban alrededor de las ocho casi uno detrás del otro. Un día ella venia con dos grandes bolsas en las manos, creo que eran naranjas por que al siguiente día el piso gozaba de un extraño olor cítrico como el falso jugo de frutas que traía papá. La bolsa tenia un agujero y las naranjas salieron rodando por las escaleras, el iba subiendo recogiendo una por una del suelo. No fue gran cosa si no fuera por que el se quedo mirando la espalda de ella cuando recogía las frutas, no se que cosa era tan interesante como para no darse cuanta de la naranja que piso y por la cual se golpeo la cabeza. Luego llamo mi mamá y tuve que irme a dormir.

Ella se llama Karen y el Jonathan como pude escuchar la mañana siguiente entre mi mamá y la vecina gorda con el perro feo que no para de ladrar.

Todos los días después de terminar mis tareas corría la silla y agarraba el mismo cojín, sentándome por horas enfrente de la puerta para esperar mi programa favorito. En algunas eventualidades cuando mi papá y mi mamá terminaban de hablar a gritos iban y me preguntaban que era lo que hacia y siempre les contestaba que era un trabajo para la escuela.

En mi programa favorito pasaban de todas las cosas, nunca encontraban sus llaves aunque yo se que estaban en sus bolsillos, se  les caían las cosas de la manos aun cuando no eran tan pesadas, y siempre les faltaba sal o azúcar, cuando podía verlos con mercados tan grandes como los que traían cada quince días. Quise abrir un poco mas mis campos de visión, tome una regla, una puntilla y un martillo, calculando las medidas casi exactas, abrí unos agujeros a los lados de la puerta cuidando las delicadas paredes de su alrededor. A lo mejor algún día, cuando sea grande seria un maestro de carpintería o de construcción.

El mismo día en que los abrí, espere atentamente y los vi cuando llegaron casi juntos, se saludaron y continuaron cada uno su camino indiferentes uno del otro. Pero al otro lado eran cosas totalmente diferentes, por ejemplo, Ella no separo su espalda de la puerta mientras miraba fijamente al frente, no se que de raro tenia ese cuadro que todos los días llegaba a observarlo. El duraba horas pegado a la puerta mirando por el lente en ella con una taza en la mano y cuando veía que ella salía el hacia lo mismo. Entendí una cosa ese día, era como lo que mi mamá contestaba a las vecinas, incluida la vecina gorda con el perro feo que no para de ladrar, cuando le preguntaban por que estaba con mi papá; se querían mucho,  y esa era la razón por la que ellos se comportaban de esa manera.

Decidí que podía hacerles una pequeña broma, bueno sin malas intenciones, algo más o menos como una ayuda alegre. Tome una hoja y esfero, no pensaran que una persona adulta escriba una nota a punta de lápiz eso es de niños y yo tenia que aparentar ser adulto, escribí dos notas con la mejor letra y ortografía  en que los citaba juntos en lo mas alto de la noche, pensando que era del otro. No era el mejor plan, pero lo saco un niño de doce años debe tener algo de merito no les parece. Me escurrí primero a la puerta de ella y coloque el mensaje siendo cauteloso de que no me atraparan, ella salió y en apariencia creo que lo creyó, de igual manera creo que el también lo hizo. De pronto cuando creciera me convertiría en un gran escritor.

Luego mamá me llamo a dormir, pero ¿como iba a permitir perderme el final de mi programa favorito? Simule que me iba a dormir inclusive me lave los dientes e hice el teatro de dormir, pero cuando sentí que ya no estaban despiertos, tome mi cobija, la misma silla de siempre, el mismo cojín de siempre y fui directo a la puerta. Pensé por un momento que había llegado tarde pero lo vi salir a el y la función comenzó, parecía que ella no iba a salir, pero salió algo mas tarde, ahora entiendo por que papá dice que las mujeres siempre llegan tarde. Ella también se maquillaba aunque no comprendo por que el de mi mamá no se ve así. Estuvieron callados un rato, no podía escucharlos, pero podía ver si movían los labios, luego sonreían, se acercaban uno al otro, incluso el la invito a sentarse a su lado en la escalera, tiritaba del frio, que malo que no estaba arropado con una caliente cobija como con en la que yo lo estaba envuelto, sin embargo el se quito la chaqueta y se la dio a ella, ¿será que ahora no tendrá frio el?

Demoraron conversando por mucho tiempo y yo ya me sentía cansado, apenas podía mantener los ojos abiertos, solo uno, pero podía tenerlo abierto. Lo ultimo que recuerdo es verlos acercase lentamente como cuando la vecina gorda con el perro feo que no para de ladrar, quiere darle un beso a su mascota, pero no vi mas, por tanto me quede dormido. Gracioso ¿no?

Por la mañana mamá me encontró tirado en el suelo, me levanto preocupada casi a los gritos y me prohibió que volviera a ver por el ojo de la puerta si no fuera estrictamente necesario.

Pasaron unos años y no volví a ver por la puerta, ya se me habían olvidado los agujeros en las paredes, y casi no me acordaba de ellos.

Después de cumplir los quince años recogía unas cosas del sofá y vi el viejo cojín, luego vi a la cocina la vieja silla, y luego vi la puerta, ¿importaría si lo hago solo una vez más? Mi mamá no esta y mi papá parece que no le molesta. Mire por un rato como la última vez, pude ver como ellos se llevan sus cosas y se despedían de todos, parecen que se mudan, me dio algo de tristeza, pero me sentía alegre con verlos juntos.
Al final cerraron las puertas de sus respectivas casas y se tomaron de la mano, se miraron a la cara, sonrieron, en la puerta cada uno colocó una nota pegada mientras miraban a la puerta de mi casa, luego se fueron. Espere un rato para no levantar sospechas, Salí, tome las notas y corrí  directo a mi habitación.
Me dio algo de temor leerlas, solo era una leidita y luego las dejaba en su sitio, las abrí y lo único que decía era “GRACIAS” entonces una duda me inquieto profundamente: ¿sabrían que fui yo quien coloco esa noche la nota en sus puertas?
Daniel Fernando parra Sánchez 


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