¿Y SI LO HAGO SOLO
UNA VEZ MAS?
Jamás a mis doce años de vida,
viviendo allí en la misma casa, me había percatado de lo deteriorado del techo
de mi cuarto. Habían grietas por casi las cuatro esquinas de el, además de la
muchas manchas oscuras que la cubrían, llegue alguna ves a pensar que el techo
fue pintado de color gris solo para hacerlo parecer al techo de una prisión, o
pienso que ese seria el color mas propicio para pintarlo, bueno además del
negro, ya saben por eso de “lo lúgubre”. Esas manchas en ocasiones no me
dejaban dormir, las sombras más oscuras
se unían con las más claras y formaban tenebrosas imágenes sacadas de lo
más profundo de mis pesadillas.
Ahora que lo pienso mi cuarto siempre ha sido así
no ha cambiado nunca, me parece verlo así desde que nací o eso creo. Si fijas tu mirada por mucho tiempo
en las grietas parecen que estas se estuvieran riendo, ¿de que?, creo que eso
solo saben ellas, eran como si estuvieran viendo una comedia por televisión en
el que el protagonista era yo. No recuerdo cuanto tiempo llevaba en la misma
posición acostado en mi cama, con los ojos fijos en el techo, con las tareas
sin hacer y los libros abiertos sobre el escritorio. Creo que ya era hora de
levantarme o al menos tiempo de cambiarme de posición, me dolía la espalda.
Gire unas cuantas veces mi
cabeza, como para que despertara y se diera cuenta de que era momento de
comenzar con las ideas para continuar con mi tarea. Debo ser sincero, mi cuarto
no era gran cosa aparte del escritorio viejo en el que tenia mis libros solo
había una cama, aun mas vieja, dura como el suelo, una mesita de noche coja en
una de las patas de adelante, que me hacia pensar que el cuarto se inclinaba a
la derecha. Y todo esto encerrado en cuatro paredes, aunque pensándolo bien
nunca he entendido del todo bien esa expresión, si contáramos bien las caras
con las que cuenta mi cuarto son más que cuatro, eso quiere decir que estaría
encerrado entre seis paredes, así que el que estuviera recluido entre cuatro
paredes Podía libremente escapar por el suelo o el techo. Pero en mi caso no,
si intentara escapar de allí solo podría hacerlo por la puerta y eso solo si regresara
a las tres para comer. Eso me hacia pensar que si intentaba escapar por el
suelo caería ha otro piso, y si lo intentara por el techo llegaría a otro piso
así que no había manera de escapar, ¿no es algo triste?
Lo difícil no fue empezar con mis
tareas, claro por lógica lo difícil siempre fue terminarlas, pero hoy no era el
caso fueron cortas, nada del otro mundo, algo de números enteros y capas de la
tierra. Cerré mis cuadernos y me quede inmóvil, ¿ahora que tenia que hacer?
Quizás un paseo podía abrirme la mente con las muchas posibilidades que tenia
en mi camino. Entonces solo tenia que pedir permiso, camine a la cocina, no es
muy lejos, le pregunte a mama si había problema con eso y me dijo que era mejor
que me quedara y que estaba muy tarde, me dijo que mirara mejor la tele, bueno
o eso le entendí entre las lagrimas, mamá siempre lloraba cuando cortaba los
tomates, creí que era con las cebollas pero eso eran una de las muchas cosas
raras que caracterizaban a mi mamá, bueno eso y su maquillaje, no entendía la
razón por la que ella se pintaba de esa manera, siempre me parecía que se veía
como una vaca con esas manchas negras a los lados de su cara.
Si no había de otra, el televisor
era mi mejor opción, pero como esperaba no había nada valioso que ver, creo que
no haría diferencia si la dejo apagado. En aquel momento me fije en la puerta
que conduce con el resto del mundo y en especial en ese pequeño lente que
estaba en lo alto de la misma y por el cual podía ver el exterior. Arrastre una
silla de la cocina y uno de los cojines del sofá y los arrime a lo suficiente
para ver cómodamente atreves de el. Era una cosa maravillosa, era como ver
televisión, sin sonido, pero aun así era más real que mucho de los programas
que presentan. Podía ver a la señora gorda del cuarto de enfrente y su perro
feo tomas, ladraba cada vez que prendían las luces y no se detenía hasta que
las volvían a apagar. También podía ver todos los días como a las siete al
sujeto de sombrero café que siempre arrastraba los pies para subir al tercer
piso. Pero en especial habían dos sujetos una pareja de jóvenes que Vivian en
diferentes casa uno en frente del otro, era como mi programa favorito.
Llegaban alrededor de las ocho
casi uno detrás del otro. Un día ella venia con dos grandes bolsas en las
manos, creo que eran naranjas por que al siguiente día el piso gozaba de un
extraño olor cítrico como el falso jugo de frutas que traía papá. La bolsa
tenia un agujero y las naranjas salieron rodando por las escaleras, el iba
subiendo recogiendo una por una del suelo. No fue gran cosa si no fuera por que
el se quedo mirando la espalda de ella cuando recogía las frutas, no se que
cosa era tan interesante como para no darse cuanta de la naranja que piso y por
la cual se golpeo la cabeza. Luego llamo mi mamá y tuve que irme a dormir.
Ella se llama Karen y el Jonathan
como pude escuchar la mañana siguiente entre mi mamá y la vecina gorda con el
perro feo que no para de ladrar.
Todos los días después de
terminar mis tareas corría la silla y agarraba el mismo cojín, sentándome por
horas enfrente de la puerta para esperar mi programa favorito. En algunas
eventualidades cuando mi papá y mi mamá terminaban de hablar a gritos iban y me
preguntaban que era lo que hacia y siempre les contestaba que era un trabajo
para la escuela.
En mi programa favorito pasaban
de todas las cosas, nunca encontraban sus llaves aunque yo se que estaban en
sus bolsillos, se les caían las cosas de
la manos aun cuando no eran tan pesadas, y siempre les faltaba sal o azúcar,
cuando podía verlos con mercados tan grandes como los que traían cada quince
días. Quise abrir un poco mas mis campos de visión, tome una regla, una
puntilla y un martillo, calculando las medidas casi exactas, abrí unos agujeros
a los lados de la puerta cuidando las delicadas paredes de su alrededor. A lo
mejor algún día, cuando sea grande seria un maestro de carpintería o de
construcción.
El mismo día en que los abrí,
espere atentamente y los vi cuando llegaron casi juntos, se saludaron y
continuaron cada uno su camino indiferentes uno del otro. Pero al otro lado
eran cosas totalmente diferentes, por ejemplo, Ella no separo su espalda de la
puerta mientras miraba fijamente al frente, no se que de raro tenia ese cuadro
que todos los días llegaba a observarlo. El duraba horas pegado a la puerta
mirando por el lente en ella con una taza en la mano y cuando veía que ella
salía el hacia lo mismo. Entendí una cosa ese día, era como lo que mi mamá
contestaba a las vecinas, incluida la vecina gorda con el perro feo que no para
de ladrar, cuando le preguntaban por que estaba con mi papá; se querían mucho, y esa era la razón por la que ellos se
comportaban de esa manera.
Decidí que podía hacerles una
pequeña broma, bueno sin malas intenciones, algo más o menos como una ayuda
alegre. Tome una hoja y esfero, no pensaran que una persona adulta escriba una
nota a punta de lápiz eso es de niños y yo tenia que aparentar ser adulto,
escribí dos notas con la mejor letra y ortografía en que los citaba juntos en lo mas alto de la
noche, pensando que era del otro. No era el mejor plan, pero lo saco un niño de
doce años debe tener algo de merito no les parece. Me escurrí primero a la puerta
de ella y coloque el mensaje siendo cauteloso de que no me atraparan, ella
salió y en apariencia creo que lo creyó, de igual manera creo que el también lo
hizo. De pronto cuando creciera me
convertiría en un gran escritor.
Luego mamá me llamo a dormir,
pero ¿como iba a permitir perderme el final de mi programa favorito? Simule que
me iba a dormir inclusive me lave los dientes e hice el teatro de dormir, pero
cuando sentí que ya no estaban despiertos, tome mi cobija, la misma silla de
siempre, el mismo cojín de siempre y fui directo a la puerta. Pensé por un
momento que había llegado tarde pero lo vi salir a el y la función comenzó,
parecía que ella no iba a salir, pero salió algo mas tarde, ahora entiendo por
que papá dice que las mujeres siempre llegan tarde. Ella también se maquillaba
aunque no comprendo por que el de mi mamá no se ve así. Estuvieron callados un
rato, no podía escucharlos, pero podía ver si movían los labios, luego
sonreían, se acercaban uno al otro, incluso el la invito a sentarse a su lado
en la escalera, tiritaba del frio, que malo que no estaba arropado con una
caliente cobija como con en la que yo lo estaba envuelto, sin embargo el se
quito la chaqueta y se la dio a ella, ¿será que ahora no tendrá frio el?
Demoraron conversando por mucho
tiempo y yo ya me sentía cansado, apenas podía mantener los ojos abiertos, solo
uno, pero podía tenerlo abierto. Lo ultimo que recuerdo es verlos acercase
lentamente como cuando la vecina gorda con el perro feo que no para de ladrar,
quiere darle un beso a su mascota, pero no vi mas, por tanto me quede dormido.
Gracioso ¿no?
Por la mañana mamá me encontró
tirado en el suelo, me levanto preocupada casi a los gritos y me prohibió que
volviera a ver por el ojo de la puerta si no fuera estrictamente necesario.
Pasaron unos años y no volví a
ver por la puerta, ya se me habían olvidado los agujeros en las paredes, y casi
no me acordaba de ellos.
Después de cumplir los quince
años recogía unas cosas del sofá y vi el viejo cojín, luego vi a la cocina la
vieja silla, y luego vi la puerta, ¿importaría si lo hago solo una vez más? Mi
mamá no esta y mi papá parece que no le molesta. Mire por un rato como la
última vez, pude ver como ellos se llevan sus cosas y se despedían de todos,
parecen que se mudan, me dio algo de tristeza, pero me sentía alegre con verlos
juntos.
Al final cerraron las puertas de
sus respectivas casas y se tomaron de la mano, se miraron a la cara, sonrieron,
en la puerta cada uno colocó una nota pegada mientras miraban a la puerta de mi
casa, luego se fueron. Espere un rato para no levantar sospechas, Salí, tome
las notas y corrí directo a mi
habitación.
Me dio algo de temor leerlas,
solo era una leidita y luego las dejaba en su sitio, las abrí y lo único que
decía era “GRACIAS” entonces una duda me inquieto profundamente:
¿sabrían que fui yo quien coloco esa noche la nota en sus puertas?
Daniel Fernando parra Sánchez
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